Mi querido y malinterpretado Ratzinger posee una enorme experiencia internacional, habla seis idiomas, ha recibido ocho doctorados honoríficos en diversas universidades, es ciudadano de honor de Pentling, Marktl, Traunstein y Regensburg y además fue prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe. Pudo ser este último detalle, pues esta institución es la heredera de la Santa Inquisición y el Santo Oficio o tal vez porque fue Obispo titular de Ostia en 2002, pero la cuestión es que Benedicto XVI esta por repartirlas, las hostias se entiende, en una sola dirección: oriente.
El capo vaticano ha cometido un error de repercusiones aún por descubrir. Con lo complicadas que están las relaciones entre Occidente y el mundo islámico, y va el pontífice, con la arrogancia que caracteriza a la iglesia católica, y lanza una ofensa intelectual que desemboca en la humillación de todo un mundo, el musulmán. El miedo a la desertización de occidente en materia de fe cristiana provoca salidas de tono que un el líder espiritual de occidente no puede permitirse. Comprendo que a través de argumentos racionales Ratzinger intente hacernos ver la luz. Con este método el Papa ha descuartizado las creencias musulmanas. Ha optado por desafiar al Islam, en lugar de, cómo hizo Juan Pablo II, buscar el diálogo. A mi modo de ver, es mejor que cada uno se encargue de sus textos y no tocárselos, los textos, a los demás. La obsesión de Ratzinger por cortejar el Corán es preocupante porque no ayuda a relajar la tensión internacional.
El Papa sabe que sus palabras fuera de contexto pueden ser descifradas interesadamente por los integristas para azuzar las conciencias de sus adeptos. Que Ratzinger hable de Cristo y de sus cosas, porque si pretende analizar el resto de creencias vamos listos: una cosa blanda y marrón manchará las bragas de medio mundo cada vez que abra la boca.
Pero es imprescindible que el mundo musulmán se esfuerce en colocar la religión en el plano íntimo que le toca, en el ámbito privado y no en el estadio de las relaciones internacionales. Deben, por el bien de todos, no sobreactuar, dejar de lado esa conducta antioccidente que es tan fácil de nutrir. Hay que exhortar al mundo musulmán la misma actitud crítica de ahora, cuando las agresiones de tinte islamista inunden de sangre las aceras de medio planeta. El error de Benedicto el bobo inundará los teletipos de soflamas antioccidentales por parte de los dirigentes de los países musulmanes, los mismos mandamases que se quedan mudos cuando hay un atentado integrista.
Publicado originalmente en elplural.com

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