Hace tiempo escribí lo que para mí se ocultaba tras el nombramiento de la ministra Sinde. Consideraba que ese nombramiento respondía a la voluntad de focalizar en alguien todas las críticas en las redes sociales y en la blogosfera sociológica. Ese es uno de los territorios más temidos por el aparato socialista y en aquel momento se buscaba minimizar el cese de Solbes por el significado que tenía. Para cumplimentar ese requisito se nombró al enemigo público número uno de los internautas, a una inútil integral, a la peor ministra que se pudiera nombrar en cultura. El riesgo político era mínimo pues ese es un ministerio sin competencias puesto que la mayoría están transferidas. El beneficio muy alto puesto que esa polémica garantizó la esquinización del debate político en la red.

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