Siento no poder hablar de la reunión entre Zapatero y Rajoy. Me es absolutamente imposible hablar de cosas así. Escribir sobre la obviedad y el insulto a la inteligencia es perjudicial para mi castigado estómago. El de hoy era un encuentro reservado a un tipo de estupidez de dimensiones púnicas. Deben pensar que los ciudadanos somos idiotas y de que necesitamos escenificaciones ridículas para identificar a los buenos y a los malos. Piensan que el maniqueísmo tardío servirá para justificar el descalabro para muchas familias españolas. No se dan cuenta que millones de españoles nos pasamos la cumbre entre el jefe de la oposición y el jefe del ejecutivo por el arco del triunfo. Aunque soy un defensor cargante de la obligación de participar en la democracia en general, de escuchar y analizar a nuestros políticos, admito que esto ya es de vergüenza ajena.
El resultado de esta utilización sistemática de la política y de sus bacterias, por parte de los aparatos de partido, de los agentes de mercadotecnia y los responsables de imagen y estrategia lo conocemos bien: gastroenteritis disfrazada de “todos los políticos son iguales”, frases hechas y reflexiones manidas.
Zapatero jugando al líder socialdemócrata que desea advierte que no dejará en la estacada a los más necesitados. Rajoy jugando al liberal de cartón repitiendo que hay que bajar impuestos. ¿Algo más? No, nada. Por eso les digo que me la trae al pairo lo que digan estos dos gestores inútiles. Queda poco tiempo, la cosa se está poniendo fea a un ritmo vertiginoso. En mi mesa se acumulan expedientes a revisar de compañías que desean ir a la suspensión de pagos voluntaria, en la de mis colegas tres cuartos de lo mismo. ¿Qué nos espera en septiembre? Lo dije en la tertulia del pasado viernes en Punto Radio. A mediados de septiembre, y a medida que vayan venciendo pólizas y créditos dispuestos, muchas compañías no podrán cumplir sus compromisos y, junto a los recibos impagados, se irán directos a la quiebra por el alcantarillado. En este país, la antiguamente llamada “suspensión de pagos” y ahora conocida por el eufemismo “concurso de acreedores”, se utiliza cuando las empresas están moribundas, en lugar de este proceso sea una herramienta de superación de conflictos graves.
Mientras tanto media España con cara de tabique se prepara para un otoño que mostrará a los nuevos ricos como se vive siendo un nuevo pobre.



blog en castellano
bloc en català
contact email







