Decía el Financial Times la semana pasada que “el Boom de la construcción en España, prolongado durante diez años, ha concluido con un crack y no tanto con un aterrizaje suave, porque el capital internacional que sustentó la proliferación de la construcción de viviendas se agotó con la crisis estadounidense de las hipotecas basura”. La verdad es que es simplificar en exceso el asunto pero, lo importante es que el salmón británico certifica un ajuste impresionante que ya ha provocado que España pase de ser el centro neurálgico de la economía europea a una de las estructuras financieras más débiles del continente. Lo justifica con números comparativos que en nuestros informativos se obvian. Hace dos años, uno de cada tres puestos de trabajo nuevos europeo se creaba en España, ahora en la misma proporción, es en nuestro país donde se crea un nuevo parado. Para los editores del diario económico más importante del planeta, lo peor está por venir, “ya que lo más dramático se encuentra en esa fábula de haber hecho creer a los españoles que podían vivir bajo estándares nórdicos, cuya justicia social estaba a su alcance. Los deseos y la realidad, en política pocas veces van de la mano”. Hablan de Zapatero y de su pobre capacidad para poner en práctica algunas medidas que saquen a España de esta espiral, pero creo que esa es otra historia, paralela a la que nos ocupa. El modelo ha caducado y nadie hizo nada, ni antes con el PP ni ahora con Solbes, por cambiarlo de un modo eficiente. Estamos solos en un barquito y ante la tormenta perfecta.

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