Que España está trinchada es evidente. Los que niegan las cifras que amparan esta obviedad se agarran a las impresiones que transmiten a primera vista los restaurantes, tiendas, cruceros y concesionarios. No obstante, si miramos con detenimiento, vemos que tras los cristales, los comensales, consumidores, viajeros y automovilistas son de cartón piedra. Para los “negacionistas”, el objetivo es oponerse abiertamente a cualquier evidencia de crisis y para ello utilizan las cifras interanuales, los datos comparativos a cuatro trimestres vista y parodias similares. Expertos en recortar la situación objetiva a su gusto. Pero en una economía globalizada y de vanguardia tecnológica, las crisis se desarrollan con enorme rapidez y virulencia. Eso parece claro visto como se están precipitando aritméticamente los datos.
En este juego se enmarcan muchos actos. Por suerte o por desgracia, en la presentación de la octava edición del libro "Política Económica de España" dirigido por el catedrático Luis Gámir pudimos escuchar cosas como que el crecimiento de la economía española estará en torno al 2%. Pero curiosamente, en la presentación, y dentro del extraño comportamiento de algunos expertos y de las contradictorias versiones de diversos analistas con respecto a esas cifras, el director del libro en cuestión, en el que han participado dieciocho autores, profesores de universidad y especialistas en la materia, calificó la actual situación económica española de "crisis" y no de desaceleración como parecería lógico si mantuvieramos el famoso 2%. En un despliegue de sinceridad dijo que esta crisis será "más profunda" que la del resto de los países de la zona Euro, puesto que España ha crecido más que la media y mucho peor de lo que se ha venido diciendo. La cara de asombro de algunos asistentes fue un poema. Por si fuera poco, en ese acto, el director del Instituto de Estudios Económicos, Juan Iranzo, para rematar, apostó por un crecimiento para 2008 inferior al 1%.
En la presentación de este libro también participaron el subgobernador del Banco de España, José Viñals, el presidente del Center for Economic and Policy Research, Guillermo de la Dehesa y el portavoz económico del PP en el Congreso, Cristóbal Montoro. Ninguno negó públicamente las cifras más negativas que se amontonaron en la mesa. De hecho nadie propuso revisarlas en base a lo que describe el libro en cuestión. Un libro que advierte de que no habrá recesión sino estancamiento intertrimestral por cierto.
Me duele la cabeza de pensar en círculos. Cuando se informa de una caída en el crecimiento del PIB de más de 2,5 puntos, ¿se puede mantener un mensaje de que no habrá recesión sino estancamiento intertrimestral? Cuándo el crecimiento de la producción española se quede en un tercio del que tenía justo el año anterior, ¿se le debe seguir llamando ajuste?
De la sesión me quedo con las ideas para salir del atolladero. Se habló de políticas liberalizadoras "y no intervencionistas" y medidas fiscales como la reducción del Impuesto sobre Sociedades, que fomenten la competitividad de las empresas, o mejoras en el mercado de la energía. Se ha apostado porque sean las administraciones regionales y locales las que incidan en la política microeconómica para que sea más "eficiente". Se abogó por reducir las cuotas de la Seguridad Social a los trabajadores con rentas más bajas, lo que se podría compensar con la ampliación de los incentivos a los autónomos que se den de alta
Por cierto, al final hubo una especie de mitin por parte del dirigente del PP Cristóbal Montoso, criticando al Gobierno sin piedad. Según el prenda, el Gobierno socialista ha permitido una concentración económica y empresarial muy peligrosa. Se olvida de que él fue uno de los responsables de que este país tenga este modelo obsoleto e ineficiente de crecimiento que ahora desemboca en una especie de lago lleno de arenas movedizas. Hay palos para todos.



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