Sabemos, por pura aplicación de la experiencia, que la economía estadounidense circula un par de metros por delante de la nuestra. Es por ello un ejercicio necesario observarla, más si cabe, cuando sabemos que estamos ante un mal escenario. Ante un sistema económico en parada técnica, la claridad es una garantía necesaria para afrontar la crisis y eso no se ha aplicado en este caso. Los gestores norteamericanos han engordado un problema por culpa de aplicar una de las salidas más nocivas, el principio de la invisibilidad.
La invisibilidad, en ciencia económica, es la facultad de algunos estamentos políticos y financieros para negar la realidad y eludirla públicamente. Unos datos que, no por ocultarlos, dejan de afectar. El tsunami de cifras y cocientes negativos con respecto a la economía de la primera potencia mundial son demoledores y no permiten esconder por más tiempo la palabra maldita: recesión.
63.000 parados más en febrero, crecimiento por debajo del 2,3% y decenas de indicadores que se limitan a certificar el estado enfermizo de la economía de los Estados Unidos, son los parámetros con los que todos los expertos entienden que es inminente el reconocimiento de dicha situación recesiva por parte de la Oficina Nacional de Investigaciones Económicas, convirtiéndola así en oficial.
Que la recesión es un hecho ya no lo duda ni Bush. Que sea más o menos larga no parece lo importante. Ahora lo imprescindible pasa por descubrir los excesos que se han cometido durante una fase de desaceleración y crisis financiera. La falta de transparencia y reconocimiento de la situación convierte en una apuesta ciega el alcance de la crisis.
Los expertos que ahora reconocen una crisis cristalizada, hasta hace poco callaban como ratas mientras salvaban sus propios muebles o lo que quedaba de ellos. Goldman Sachs prevé un par o tres de trimestres duros, Morgan Stanley considera que la crisis norteamericana es más doméstica que global. Como para fiarse, se han pasado medio año negando la evidencia y ahora pretenden que nos creamos que ya hemos tocado fondo, que esto durará poquito y que no afectará a Europa.
Mis tres conclusiones a bote pronto:
- Europa sigue acercándose a territorios poco idóneos para superar una crisis de consumo. Un euro cada vez más grueso imposibilita la exportación más allá del mercado puramente doméstico.
- Lo que pasa en EUA suele ser el anticipo de lo que pasa en Europa. Las dinámicas y flujos económicos y sobretodo las relaciones interbancarias americanas suelen reflejar síntomas de carácter mucho más global.
- En la franja más próxima, detectamos que los agentes de opinión y de edición financiera españoles han adoptando una estrategia parecida a la americana. El grado de invisibilidad puede haber dañado innecesariamente, de un modo muy importante nuestra capacidad para sobrevolar esta crisis y su recesión posterior.



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