Rajoy se plantó en puertas de la Navidad con buenas noticias para los que entendemos la democracia como un derroche participativo. Su web policromática daba importancia a las redes sociales como nunca antes había hecho. Esa puerta al ciberactivismo conservador, a la militancia participativa y, en definitiva, a la vanguardia electrónica como elemento de interacción y conversación programática, se ha cerrado con un portazo. Era pura mercadotecnia digital, un e-bluff o simple prostitución 2.0. El presidente del Partido Popular ha pasado de las intenciones colaborativas al ocultismo ideológico. El que pretende ser jefe del ejecutivo se ha despertado de su propio desconocimiento y nos advierte que tiene la fórmula para sacarnos de la ruina económica y de la crisis financiera actual, pero que no la piensa explicar a menos que gane las elecciones. Se ha pasado cuatro años en silencio preocupado por asuntos mucho más retorcidos, contemplando el inclusivo destino económico de este país y ahora nos advierte que necesitamos reformas importantes y transversales.
Gracias Mariano, de corazón, pero ya lo sabíamos. Siéntese con nosotros, hace años que hablamos de esto, bienvenido. Cuéntenos su oferta económica, su plan, no espere, preséntese a las elecciones con un programa económico claro y público. Es incapaz porque no es más que política de escaparate para suscriptores del Diario de Patricia. Pretender el cheque en blanco, le doy el voto y usted mismo, es de una frivolidad humillante. Si no fuese por lo serio del tema, sería para reír a carcajadas. No descarto hacerlo no obstante.
Esa actitud demuestra, primero la improbable existencia de ese plan, y segundo el desprecio a la democracia de participación y a la conversación política horizontal. Esa herramienta de cambio debe ponerse encima de la pasarela electoral y será nuestro derecho y deber juzgar deliberativamente unos, e íntimamente otros, sobre su idoneidad política. Es preocupante el firme que pisamos, pero es apocalíptico el horizonte sabiendo quienes pueden ser los pilotos de la nave. Tanto unos, como los otros.

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