Reconozco que ver a Carod Rovira debatiendo con ciudadanos venidos de todos los rincones de España acerca de su apellido, de su nombre, de su padre y de infusiones épicas, fue muy desagradable y humillante. No se que pintaba ayer el Vicepresidente de la Generalitat en un circo como ese. El programa “Tengo una pregunta” de TVE es un espacio de vergüenza ajena revestido de participación ciudadana. La mayoría de los que acaban hablando durante el mismo han preparado la pregunta en la junta provincial del partido que les ha gestionado la asistencia y suelen ser casi tan previsibles como las respuestas que las siguen. De todo el programa con Zapatero sólo trascendió que los cafés no los paga él. Del de Rajoy que no recordaba su sueldo. Por lo menos tuvieron varias horas, Carod media horilla y marchando puesto que iba como miembro de ERC no como cargo institucional de la Generalitat
Llamazares y Duran adoptaron la lógica electoral e hicieron su primer mitin masivo de cara a las elecciones de las que serán cabeza de cartel. Ahora bien, lo de Carod es de otro color. Es rebajar sistemáticamente las instituciones catalanas. Consideraría un acierto que independentistas catalanes vayan a los medios de comunicación españoles a explicar que pretende el soberanismo catalán, en que consiste la independencia y como se piensa lograr, pero ¿es el numero dos de la Generalitat quien debe hacer esa gestión en un lateshow?
Jose Luís le decían, Josep Lluís corregía enfadado. Si con el teatrillo de ayer se pretendía dar elementos de comprensión hacia el hecho catalán y los agravios que sufrimos, la verdad es que fue un auténtico fracaso. Resultaron patéticas las justificaciones turbias y de escaso contenido político del líder de ERC con respecto a la deriva soberanista de Catalunya. Se perdió otra oportunidad de recordar que Europa publica sus balanzas fiscales y España no, que el 21% de los madrileños hacen boicot activo a los productos catalanes, que durante tres décadas un 10% del PIB catalán no ha regresado a Catalunya en ningún concepto puesto que se ha aplicado al fondo de solidaridad español, que para una empresa catalana el hecho de serlo le supone un impedimento para comprar empresas españolas, cosa que no le sucede a empresas italianas o alemanas, que el Estado español establece tratados internacionales para que desde el aeropuerto de El Prat no haya conexiones por vuelo directo con Miami, México, HongKong, Toronto o Vancouver, que mientras los catalanes pagan los servicios y las infraestructuras de muchas comunidades españolas aquí se nos retrasan las concesiones, que cuando se precisa de reconocimiento internacional en cualquier ámbito todo son impedimentos y prohibiciones, que cuando recuerdas que el primer Parlamento en Europa fue el catalán se te ríen en la cara, que España actúa como si Catalunya fuera de su propiedad y no una nación más que la compone, que la decisión libre y democrática ejercida en referéndum por el pueblo catalán vale una mierda porque depende del Tribunal Constitucional y, finalmente, que asumir que todo eso es así no te convierte automáticamente en independentista, sino que el propio mantenimiento de ese nivel de injusticia es una fábrica de descontentos. En lugar de todo eso, se enfrascó en política lingüística. Un error pretender que una mujer de cierta edad asidua al bingo de Valladolid entienda que en Catalunya es normal que el catalán sea una exigencia laboral más, es prácticamente imposible. Es más sencillo utilizar la matemática, porque la metafísica falla en ese campo.
En resumen, muy mal, muy mal…

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