Pepiño Blanco dijo que “hoy las familias disponen de más renta que hace cuatro años porque los salarios han subido por encima de la inflación” y que “en el 2000, el precio de la vivienda crecía al 17%, cuando ahora sólo lo hace al 5%". Que alguien le haga callar o se hará daño solito. La chachara preelectoral está bien, pero la verdad es tozuda y resulta que el paro del mes de agosto y su tendencia de hace medio año, empieza a reconocer los desequilibrios económicos que soporta nuestro modelo de crecimiento, por lo que el aumento de desempleo continuará a ese ritmo en septiembre. La subida de tipos y la sobreoferta han motivado el parón inmobiliario que es el único causante de que el precio de los pisos no viva crecimientos desorbitados como antes. El retroceso de consumo ayuda a que el IPC no se dispare y se puedan mantener por debajo del “teórico” aumento de los salarios. La prudencia sería aconsejable puesto que la gente tiene serios problemas para llegar a fin de mes. Cuanto antes se sustituya el optimismo económico por pragmatismo, más grande será el margen de maniobra a fin de sobrevivir a una crisis cada vez más irremediable.

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