Dedicar esfuerzos a desmontar la mentira institucionalizada en la
televisión de Esperanza Aguirre y enfrascarse en replicar el
hijoputismo estructural que pervive en las Españas protofascistas es
cansino y agotador. Los catalanes vivimos el ataque sistemático desde
hace décadas por parte de aquellos que se esfuerzan en no comprender
una realidad nacional que puede, perfectamente, sumarse y enriquecer a
otras. La delincuencia informativa arremete a diario contra Catalunya
por el gusto de hacerlo y por el rédito electoral que proporciona a sus
jefes.
En esta ocasión, los gamberros que perpetraron el reportaje se limitaron a rebuscar las escenas con cámara oculta que demostraran que en Catalunya hay ciudadanos de segunda por culpa de la lengua. La tesis que se deduce pretende hacer creer a los madrileños que el castellano está en peligro de extinción en el territorio catalán. La técnica utilizada es vieja. Siempre hablan los mismos y lo hacen manipulando la realidad. El problema no es el programita en cuestión, sino el mensaje pegajoso que posibilita la deformación interesada de una realidad. El drama es que hay gente dispuesta a creérselo desde la más absoluta ignorancia y cuyo tronco ideológico permite que aún diferencien entre lenguas de primera y de segunda. La tragedia es que todo esto se haga con dinero público, incluso catalán por aquello del déficit fiscal.
Acercarse a un quiosco en cualquier ciudad catalana es un motivo de desilusión cotidiano. Periódicos en catalán solo hay dos, las revistas son una minoría. El cine en catalán está perseguido, la televisión y el paisaje lingüístico en el área metropolitana es castellano. La lengua a proteger es el catalán y de eso es de lo que hablamos. Procurar herramientas que permitan que mi lengua materna no desaparezca es justo incluso con cuotas y sanciones. El catalán no es, como dicen, una lengua sin estado, no, es la lengua de una nación, la catalana, pero es una de las lenguas del Estado español y a éste le pido que la proteja y la defienda de ataques miserables como el que nos ocupa.
Otros que debería de hablar tampoco se han esforzado mucho. De Piqué y el Pp catalán nada se puede esperar salvo un gesto como el de equiparar Tv3 a Telemadrid. El exministro es un holograma político incapaz de enfrentarse de un modo serio a la mezquindad que dirige su partido. Por otro lado, espero de Convergencia i Unió un discurso previsible y átono con una mínima repercusión porque precisamente representan ese catalanismo hediondo que molesta a la derecha extrema. De Erc no espero nada porque hace tiempo que navegan a la deriva descifrando porcentajes y ofreciendo presidencias. Pero de los socialistas catalanes no sé que esperar. De momento el Psc no ha movido ni las cejas. Como catalán les pido que exijan a sus jefes del Comité Federal del Psoe que se mojen, que se involucren, que gobiernen para todos y no miren hacia otro lado porque tiene poco rédito electoral. Me gustaría que el President Montilla exigiera responsabilidades al más alto nivel porque ese chanchullo audiovisual representativo del farruquismo tendencioso españolista debe de sentarse ante un tribunal. Pero no deberían de hacerlo en nombre de Catalunya, sino en nombre y honor a la verdad. Y también me gustaría que otros se sumaran. Por ejemplo, es el momento de que la cofradía de artistas del “No a la guerra” salgan ahora a la calle con una pancarta que diga “jo també sóc català”
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