[Comentarios en la versión catalana]
No soy independentista. Tengo claro que disfrutar de convicciones nacionalistas o soberanistas no llevan galvanizada esa opción. En pleno siglo XXI es difícil definir que significaría que Catalunya fuese independiente. El mundo cambia y pensar que la independencia conduce a un estado con las características de las del pasado siglo seria un error. Hoy en día existen otras opciones parecidas al Estado Asociado que proponía Ibarretxe y que de momento suenan a quimera. De todos modos, cuando la estupidez supina ocupa la gestión pública no se avanza ni hacia la independencia, ni hacia la autodeterminación, ni nada. Si, como pasó hace poco, después de dos copas de vino, unos calçots se eructa acerca de la realidad nacional catalana, lo único que nos puede pasar es que sigamos siendo una región penibética subordinada y desprestigiada.
Con politiquillos mediocres que gestionan con el culo y que ridiculizan a diario a los catalanes no lograremos alcanzar más autogobierno, se llame como se llame. El problema de la política catalana ya no es el desprestigio proyectado de nuestros políticos, sino que lo que están desacreditando es el catalanismo por culpa de propuestas delirantes y absolutamente tacticistas, electoralistas y partidarias. La propia idea del catalanismo, de la independencia, del autogobierno y cualquiera de sus variantes son deshonradas a diario, con caricaturas y con la asociación de esos conceptos sagrados a una especie de broma que lo colocan a la altura del circo político y de la pelea navajera.
Ayer grabé en mi cerebro profundo y reptiliano las declaraciones de Maragall en un matutino italiano. Dijo que no valió la pena arrancar el proceso de reforma del Estatut, que para haber logrado el éxito hubiera sido necesaria una reforma de la constitución previamente. Paso de entrar al trapo. Hoy no me preocupa eso. Tenemos lo que tenemos y ahora resulta que una docena mal contada de magistrados del Tribunal Constitucional tienen en jaque el futuro espectro de competencias que el Estatut establece. Después de que amputar el Estatut salido del Parlament fuera una de las actividades favoritas de la congresía española, en cualquier momento viviremos una humillación sin precedentes en nuestra joven e inexperta democracia. La voluntad de los catalanes, expuesta libremente en referéndum, será despreciada con toda seguridad por culpa de un criterio uniformista y personal que insulta a la inteligencia y demuestra que este país ha cambiado el poder del sable por el poder del mazo.
Otra cosa más. Me jode que el President de la Generalitat me tome por idiota. Bueno en general nos toma por idiotas a todos. Con frases manidas y hechas, como si solo fuera directivo de partido, ayer justificó una falta de criterio sobre las declaraciones de Maragall aduciendo que no había leído la prensa italiana. Cada vez se parece más a su caricatura del Polònia. Como dije, ¡Sergi Mas president!.

blog en castellano
bloc en català
contact email







